Agencia de Cobranza no es solo una oficina de recaudación de deudas, es un microcosmos distorsionado de la sociedad misma, donde lo mundano choca violentamente con lo extraordinario y lo siniestro. Es un lugar donde los pasillos huelen a tinta barata y desesperación, los archivadores guardan secretos más oscuros que números rojos y la corrupción no es una excepción, sino el cemento que une los ladrillos del edificio estatal. En este pantano institucionalizado la aparición de Policarpa no es un simple evento, es un terremoto existencial. Ella es la encarnación de una venganza fría, calculada y artística, una fuerza primordial que irrumpe para reescribir los designios impuestos por la arrogancia del poder y la podredumbre sistémica. Su misión: utilizar la propia maquinaria corrupta del estado como arma para desmantelarla, convirtiendo la venganza en una sinfonía letal de tres movimientos, cada uno orquestado alrededor de un símbolo de color.